martes, 23 de abril de 2013

La Soga: Eslabón de una cadena de nudos que rompe por lo más débil

El teniente Fernando de los Santos (La Soga), ha captado el interés de los medios y la población a partir de la acusación que se le formula por el asesinato de dos jóvenes a encargo de empresarios de esta ciudad de Santiago.


La Policía Nacional le atribuye a este personaje de la sombra decenas asesinatos, pero en la población de Santiago, donde su notoriedad viene de lejos como mensajero de la muerte y liquidador policial, se dice que sobrepasan los 300.

El morbo de muerte de los medios de comunicación, de una gran parte de la población y la magia que impulsa el caso han creado un gran teatro de distracción y muerte que el jefe policial quiere responder con firmeza.

No pocas historias se cuentan sobre su frialdad y sus andanzas tras supuestos o reales delincuentes en problemas. A veces solía llevarse a varios a la vez, introducirlo en el baúl de auto y pasearse por la ciudad para luego llevarlo a la morgue del hospital.

Compañero del famoso Cabrerita, Peniche y otros mensajeros de muerte de la Policía Nacional, La Soga no es más que un eslabón de la cadena de criminales formados, entrenados y protegidos en las filas policiales por una escuela del pensamiento y de la acción que sus más connotados propulsores ahora quieren calmar.

Tal vez haya una nueva cosecha de liquidadores para reemplazar la vieja maquinaria de muerte. Seguro pueden estar todos, que sólo obedece a las presiones del momento por los organismos internacionales, informes internacionales y las evidencias que gravadas en varios escenarios.

La misma presión que ha llevado al presidente Leonel Fernández a reunirse con la plana mayor de la Policía Nacional para “exigirle respeto a los derechos humanos” y comunicarle la necesidad de agilizar la reforma policial.

La Policía está en apuros y en necesidad de bajar presiones de la sociedad civilizada de la República Dominicana y de los organismos internacionales que defienden y vigilan los derechos humanos.

Ahí no vale el nacionalismo de pacotilla del Cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez, ni el puñado de hombres de línea dura que le ha tirado la toalla.

El presidente Leonel Fernández lo sabe y por eso acudió al Palacio policial para hacerle saber la gravedad de lo que está pasando y calmar al jefe policial, Polanco Gómez, que tantos yerros ha cometido en estos días.



La Historia

La Soga no es él sino una creación auténtica de la Policía. Siempre fue lo que es ahora. Es poco probable que alguien recuerde cuándo y cómo se convirtió en esa máquina de muerte. Cuando olvidó que las muertes eran ordenadas por la alta oficialidad y no por el dinero de quienes estuvieran dispuestos a pagar por sus servicios especializados.

Menos probable es saber cuántos más como él reciben esa orden en la cadena de mando o venden su servicio a interesados.

¿Garantías?

La Soga sabe que no hay ni oportunidades, ni Estado de derecho frente al mundo que conoce para ir a juicio y desvelar todas las informaciones que conoce su leyenda de muerte.

El problema no es entregarse. El problema es permanecer vivo, evitar una pelea en la cárcel, un infarto, una depresión que le lleve al suicidio o quién sabe que formula ingeniosa.



El Teatro

Las crónicas sensacionalistas cuentan que dos helicópteros rastrearon la zona montañosa de San José de las Matas, Monción, Santiago Rodríguez y Mao en su búsqueda de La Soga.

El vocero de la Policía, coronel Máximo Báez Aybar, informó que La Soga, a través de otra persona, envío un chaleco antibalas, su arma de reglamento, su placa y uniforme. “La Soga” era un miembro de la Policía, hasta que tuvo participación en los asesinatos de Elvis Sebastián Valerio y Luis Roberto Torres, residentes en el ensanche Libertad, de Santiago